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Miércoles 23 del 2014

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El "Agente Naranja"

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Por: Nyliam Vázquez García

La denuncia de estos seres humanos cruelmente afectados con el tóxico químico, se dilata un mes más. Quizá —solo “quizá”— el tribunal que acaba de aplazar la audiencia los escuche en mayo.

La Asociación de Víctimas de Vietnam (VAV) protestó contra la nueva maniobra con que los abogados de las empresas que fabrican la mortal dioxina —contenida en el Agente Naranja— pretenden evitar que se haga justicia por tanta muerte, deformaciones genéticas y enfermedades cancerígenas.

Aunque la Corte de Apelaciones del segundo circuito, radicada en Nueva York, se declaró lista para escuchar los argumentos de una y otra parte, los letrados pretextaron no tener listos todos los documentos. Cuesta creer que no les haya alcanzado el tiempo para los trámites de rigor. Llama la atención que, en un sistema tan competitivo como el estadounidense, sea posible hasta simular ineficiencia  para continuar evitando la legítima justicia. ¡Todo vale!

La aviación norteamericana arrojó, entre 1961 y 1971, unos 80 millones de litros del tóxico —esta es una cifra conservadora— sobre aldeas y campos de cultivo de Vietnam, para tratar de privar a los combatientes de alimentos y del resguardo de los árboles. Como ocurre ahora en Iraq, los civiles de entonces también engrosaron sus listas de daños colaterales y un 17 por ciento del antiguo territorio de Vietnam del Sur fue rociado con diferentes tipos de agentes químicos. El Naranja, en particular, solo fue el más asesino. Y lo es aún.

Pero las víctimas no han flaqueado en su intento de lograr la condena, mientras sus agresores, después de tres décadas, ni siquiera se disculpan. Si bien es cierto que la indemnización hoy exigida a las empresas productoras del mortal tóxico no puede borrar las marcas del dolor que cargan tres generaciones de vietnamitas, al menos podrían costear los medicamentos para tantos cuerpos maltrechos.

A pesar de las evidencias, un tribunal federal de primera instancia rechazó la demanda y el actual juzgado la pospone deliberadamente.

Las pruebas son innegables, pero a la justicia se le dificultan las cosas cuando el poder la ronda. El Agente Naranja fue producido a solicitud del ejército norteamericano como herbicida, pero  su contenido en dioxina lo convertía en una terrible arma de exterminio, y decenas de compañías se involucraron en su manufactura y comercialización, a sabiendas de esas consecuencias.

Científicos aseguran que un solo gramo de dioxina disuelto en algún alimento líquido puede acabar con la vida de hasta 20 000 personas, y en cantidades menores causa graves enfermedades como el cáncer o cambios en los cromosomas.

Lo peor es que el Agente Naranja rociado en esas tierras contenía 400 kilogramos de dioxina. Lo más doloroso para los millones dañados es que aún deberán esperar...más.

DESESTIMADO PLEITO DE VETERANOS DE VIETNAM SOBRE EL “AGENTE NARANJA”

Washington, Ene. 13 1987 (EFE)

El tribunal Supremo de EE.UU. ha desestimado el pleito contra la Administración de los Veteranos del Vietnam víctimas del llamado “Agente Naranja”.

El Agente Naranja es un herbicida utilizado masivamente por Estados Unidos en la guerra del Vietnam para destruir la selva y las cosechas y que, según algunos, provocó daños irreversibles en los propios combatientes norteamericanos.

La sentencia del Tribunal Supremo marca una significativa derrota en un pulso legal que ha durado nueve años entre los presuntos damnificados por el uso de ese agente químico y el Gobierno norteamericano.

El legado del Agente Naranja

Los efectos del Agente Naranja permanecen en Vietnam.

BBCMundo.com: / 2005 / 05 / 02

La guerra de Vietnam terminó hace 30 años pero cientos de niños vietnamitas la sufren todavía gracias al impacto del llamado Agente Naranja.

Considerado el arma más polémica de Estados Unidos durante la guerra, este poderoso herbicida fue utilizado con el fin de eliminar selvas y cosechas que podían ser aprovechadas por la guerrilla del Vietcong.

Pero también es el causante de innumerables problemas genéticos, al punto que Nguyen Trong Nhan, de la Asociación de Víctimas del Agente Naranja y ex presidente de la Cruz Roja de Vietnam cree que es un "crimen de guerra".

Dijo al programa "Un Planeta" de la BBC que la pobreza del país es resultado directo del uso del herbicida.

"Ayudamos a las personas que fueron o son víctimas del Agente y de las dioxinas, pero la capacidad de nuestro gobierno es muy limitada", agregó.

Experimentos

Un estudio canadiense de finales de la década pasada reveló que la tierra, el agua, los peces y los patos de las zonas fumigadas poseen niveles de dioxinas que son peligrosos.

Los mismo ocurrió con muestras de sangre de los habitantes de esas zonas, que mostraron niveles 20 veces por encima del promedio.

Otro estudio japonés comparó zonas afectadas con otras que no y hallaron que en la primera la posibilidad de nacer con un defecto genético era tres veces superior.

Activistas como Nguyen Trong Nhan recurrieron a los tribunales en 2004 con el objetivo de que las empresas estadounidenses fabricantes del herbicida pagaran una compensación.

Pero un juez federal dijo el mes pasado que no había posibilidad de reclamo ya que el uso del Agente Naranja no violó las normas internacionales de la época. Queda pendiente una apelación.

Los veteranos de guerra estadounidenses lograron sin embargo una compensación de US$180 millones tras una acción legal, aunque las empresas no admitieron culpabilidad.

Estados Unidos esparció 80 millones de toneladas de químicos venenosos durante la llamada Operación Ranchland.

Había otros agentes, el Rosado, el Verde y el Blanco, pero el Naranja fue el más utilizado, 45 millones de toneladas fueron esparcidas en una décima parte del territorio de Vietnam.

Es una de las imágenes que cambiaron la percepción de la guerra de Vietnam.

El 8 de junio de 1972, un avión de Vietnam del Sur bombardeó con NAPALM la población de Trang Bang.

Allí se encontraba Kim Phuc con su familia. Con su ropa en llamas, la niña de nueve años corrió fuera de la población. En ese momento, cuando sus ropas ya habían sido consumidas, el fotógrafo Nic Ut registró la famosa imagen. Luego, Nic Ut la llevaría al hospital.

Kim Phuc vive ahora en Canadá, desde donde conversó con Alejandra Martins de la BBC.

¿Cómo recuerda aquel 8 de junio de 1972, día del ataque con NAPALM?

Siempre recuerdo ese día. Nos habíamos refugiado con mi familia, vecinos del pueblo y soldados en el templo. Habíamos almorzado, cuando vimos el humo amarillo despedido por los aviones para marcar el blanco de un bombardeo.

Nos dimos cuenta de que iban a atacar el templo. Los soldados, survietnamitas, nos dijeron que debíamos salir, primero los niños.

Comencé a correr con los otros niños. Veía que el avión volaba cada vez más bajo y más cerca, cuando de pronto lanzó cuatro bombas.

Sabía que debía seguir corriendo, pero era una niña, y cada tanto me detenía a mirar. Repentinamente escuche las explosiones, y me vi rodeada de fuego, estaba por todas partes. Sentí el fuego en mi brazo izquierdo. Recuerdo que pensé, ¡oh, no! tengo quemaduras, ¡ya no seré normal! Estaba tan asustada. Mis ropas se consumieron con el fuego. Agradecí a Dios que mis pies no se habían quemado, y pude seguir corriendo.

Huí del fuego y recuerdo que pude ver a mis hermanos y a mi primo, sólo corríamos y corríamos. En un momento estaba tan exhausta que no pude más y me detuve. Uno de los soldados me dio agua para beber. Yo gritaba, nam ua, nam ua , en vietnamita, que significa, demasiado caliente. El soldado tenía una cantimplora con agua y la vertió sobre mi cuerpo. Ahora sé que no debía hacer eso, pero él intentó ayudarme.

En ese momento me desmayé y ya no supe más nada, hasta que me desperté mucho, mucho después en un hospital.

Hay otra famosa fotografía de ese día que muestra a su abuela corriendo cargando a su primo de tres años, inconsciente y con la piel negra y despellejada de las quemaduras. ¿Qué pasó con su familia?

Ese día perdí a mis dos primos, uno de nueve meses y otro de tres años. Mi tía, la madre de los niños, sufrió graves quemaduras en un brazo y una pierna. Ella aún vive en Vietnam.

¿Quién le llevó al hospital?

Supe después que después de quedar inconsciente quien me llevó al hospital fue el "tío Ut", como yo llamo a Nick Ut (el fotógrafo vietnamita de la agencia Associated Press que capturó la famosa imagen).

Me llevó en su auto. Mis padres no estaban allí. Ellos corrían detrás de nosotros y no pudieron atravesar el fuego, así que debieron regresar al templo.

Permaneció en el hospital durante 14 meses, y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel ¿Cómo enfrentó esto una niña de nueve años?

Fue terrible. Era tanto el dolor y la picazón. Estaba discapacitada, mi brazo, mi mano, mi axila, mi cuello, se contrajeron, y tenía que hacer ejercicios cada hora, cada día, y toda vez que lo hacía el dolor era enorme.

No quería hacerlo, pero mi mamá me alentaba, y todos los miembros de mi familia, siempre que podían venían a ayudarme.

Sufrí mucho con el dolor físico, además de las pesadillas frecuentes, del trauma.

En su libro "La niña de la foto", Denise Chong relata los baños de cada día en una solución especial

Eso fue muy difícil para mi. Era muy doloroso porque las enfermeras tenían que colocarme en esa bañera y cortar la piel muerta. Debían hacerlo para prevenir una infección.

Recuerdo esos baños cada mañana. Llegaba un punto en que ya no podía aguantar más el dolor y me desmayaba. Y eso me pasaba casi todos los días.

¿Antes del ataque con napalm, qué experiencia tenía de la guerra?

Sabía de la guerra, oía hablar de ella, pero nunca se me había aparecido. Teníamos todo, mi mamá tenía un restaurante, mi hermana era maestra.

Cuando volvía de la escuela, entraba a mi casa, grande y preciosa y me sentía como una princesa entrando a su palacio.

Pero de repente llegó la guerra, y se lo llevó todo. Lo llevó todo.

¿Cuáles eran sus sentimientos respecto a aquellos que lanzaron el napalm?

Sufrí tanto dolor, pesadillas. Todo eso fue generando en mi una carga de odio, ira, resentimiento. Me preguntaba, ¿por qué a mi?

Pero ahora le agradezco a Dios, que cuando me hice cristiana y me acerqué a Jesús, mi fe realmente me ayudó y recé para que Dios me ayudara a liberarme de esos sentimientos.

Odiaba a todo el mundo, no quería seguir viviendo. Pero al rezar, Dios me ayudó y mi fe me llevó a otra etapa. Pude cambiar el significado para mi de lo que sucedió y puedo vivir con alegría, paz en mi corazón, esperanza y perdón. Me doy cuenta de que Dios tocó mi vida.

Y pude salir al mundo y ayudar a otras víctimas.

Antes de ello, vivía en aquella batalla interna y oscuridad. Nadie puede ser feliz así.

Ahora vivo en el presente, y tengo una familia maravillosa.

¿Usted vivió en Cuba cerca de seis años, que recuerdos tiene?

Tengo muchos, muchos recuerdos de Cuba, mucha gente que me ayudó, como mi familia adoptiva, mami Nuria y papi Manolo, ellos me querían mucho, y yo pude aprender español, fue magnífico, quiero mucho a Cuba, el país es muy lindo y la gente muy amable, amistosa.

Allí me casé con mi marido, vietnamita, tengo muy buenos recuerdos. No quiero perder mi español. Tengo deseos de, algún día llevar a mis hijos Thomas y Steven a Cuba, para que conozcan a mi familia adoptiva y a mis amigos. Hablan un poquito de español porque yo les enseño, cada día les enseño una palabra nueva

¿Cuál es la misión de la fundación Kim Phuc?

A través de la fundación ayudamos a niños en todo el mundo que son víctimas de guerra.

Y como embajadora de buena volunta de UNESCO, mi misión es difundir un mensaje de paz.

¿Qué siente al ver que la foto de Kim Phuc corriendo desnuda a los 9 años sigue siendo vista una y otra vez en todo el mundo?

Creo que es una imagen terrible, porque en ella podemos ver cuán atroz puede ser la guerra. No hay que decir mucho. Cualquiera que vea esa fotografía puede ver la profundidad del sufrimiento, la desesperanza, el dolor humano de la guerra, especialmente para los niños.

Los niños necesitan cariño y alegría, no acabar corriendo así.

Cuando veo esa imagen una y otra vez, le agradezco a Dios que el "tío Ut" congeló ese momento de la historia con su fotografía, y permitió que las próximas generaciones vieran lo que puede ser el horror de la guerra.

Me siento feliz de que la gente pueda ver ahora otra fotografía de mi vida, adulta, en la que se ve amor, esperanza y perdón.

La gente puede ver con estas imágenes que puede elegir algo mucho mejor que la guerra.

Podemos elegir entre el bien y el mal porque tenemos libre albedrío. Y si elegimos el mal sabemos las consecuencias.

Treinta años después de la guerra, cuando piensa en las víctimas, 58.000 estadounidenses, 2 millones de vietnamitas, ¿qué siente respecto a su país?

Vivimos miedo, desesperación y sufrimiento. Treinta años después hay mucho por hacer, pero veo a la nueva generación y creo que nos espera un futuro maravilloso.

Siempre rezo por mi país. Creo que debemos recordar lo que pasó, pero debemos seguir adelante y hacer lo mejor que podamos por nuestro futuro y por nuestros niños.

Es hora de sanar y enfocarnos en una vida mejor.

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