Discrepando

Miércoles 23 del 2014

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Los costos de la guerra

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otan

Pedro Díaz Arcia

Donde quiera que se mueva una paja en el ojo de los sacrosantos intereses del capitalismo mundial, ahí está, como por arte de magia, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN): un bloque militar obsoleto, sobreviviente de los ardores de la Guerra Fría y eficiente secuaz de Washington.

En medio de la intensificación de la guerra contra el ejército libio, en los preparativos para escalar el conflicto en beneficio de los insurgentes y en posible detrimento de la integridad del país, la Alianza no ha establecido con precisión cuándo ni cómo saldrá de Afganistán.

Todo depende…de un depende.

Es decir, el levantamiento de tropas está listo en los mapas, sin que falten los cálculos de los genios de la guerra sobre posibles víctimas en el recorrido. Mientras se incrementan los “mal entendidos” con el gobierno de Hamid Karzai por la constante muerte de civiles debido a los ataques de la aviación aliada.

A estas alturas, después de casi una década de guerra infructuosa para los ocupantes y trágica para los ocupados, se podría preguntar: ¿Quién le pone el cascabel al gato?

La captura y asesinato de Osama Bin Laden pareciera ser la solución a todos los pesares. Pero, no es así.

El secretario estadounidense de Defensa, Robert Gates, en pose de despedida del cargo, abogó en Kabul por mantener la estrategia actual en Afganistán y evaluar los resultados a finales del 2011.

“Cualquier cambio antes de esta fecha sería prematuro”, declaró.

Lo que implica que las tropas norteamericanas podrían permanecer por largo tiempo en el país centroasiático, porque Gates insiste en que no debe existir “precipitación para la salida”.

Como si se tratara de una advertencia de corte chantajista, el Secretario de Defensa dijo que el compromiso de su país “no es infinito, ni en el tiempo ni en recursos”. Cuando en realidad la guerra, fraguada en los cuarteles del Pentágono, fue decretada por George W. Bush y estimulada por Barack Obama con el envío de 30,000 tropas adicionales a la nación centroasiática.

Abaratar el costo de la guerra

La contienda en Afganistán cuesta hoy al contribuyente estadounidense 2,000 millones de dólares a la semana, según cálculos del Departamento de Defensa, en una información que se publicó en la edición digital del diario norteamericano The New York Times.

En estos momentos, sin embargo, el gobierno de Obama se propone reducir los gastos para abaratar los costos, lo que se opone a la idea de Gates, quien considera que las reducciones deben ser graduales para mantener la capacidad ofensiva del contingente estadounidense.

Estados Unidos mantiene en suelo afgano unos 100,000 soldados, de los cuales 90,000 forman parte de la fuerza internacional (ISAF) que dirige la OTAN, y que suma en total unos 132,400 militares.

Los restantes 10,000 efectivos del Pentágono actúan de forma bilateral.

Mientras, se incrementan las bajas civiles.

La Misión de las Naciones Unidas en Afganistán y la Comisión Independiente de Derechos Humanos publicaron un informe el año pasado en el que revelaron que sólo en el período 2007-2010 habían muerto cerca de 9,000 civiles; por errores -cada vez más frecuentes- de las tropas internacionales, así como por atentados terroristas vinculados al Talibán.

El número de muertos entre las tropas aliadas en Afganistán había superado el primero de junio de 2011 la cifra de 2,500, un mes antes de la fecha fijada para iniciar la retirada gradual de la ISAF y que debe concluir en el año 2014.

Estados Unidos, con más de 1,600 soldados muertos, encabeza la lista de países con más bajas, seguido del Reino Unido, con 368, Canadá, con 156, Francia, con 58, Dinamarca, con 40, e Italia, con 36 militares fallecidos.

El año 2010 fue el más mortífero para la OTAN, con la pérdida de 711 de sus miembros, más de una cuarta parte del total desde que se inició el conflicto.

El proceso de “transición” para que las autoridades locales asuman mayores responsabilidades para “gobernar y defender su territorio”, es compleja y cruenta.

Pero, la OTAN recurrirá a los extremos para mantener los medios.

¿Se comprometerá en la conducción de las batallas gubernamentales contra las protestas en Europa?

¿Se entrenará por si tiene que intervenir en Wisconsin, Estados Unidos?

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